por Yaiza Mederos / 19 de Mayo de 2009

Una serie es una auténtica delicia en la que te conviertes en un mirón consentido por parte de los protagonistas.

Copyright © Fox Channels Iberia

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Un voyeur. Sí, señoras y señores. Porque utilizamos la mirilla de la televisión para saber qué hacen los personajes, cómo y por qué. En Perdidos queremos saber qué es el humo negro, en Héroes si Danko conseguirá su objetivo o en Sexo en Nueva York cuál es el nombre de Big.

Material adictivo de primera mano

Tener la serie a mano es totalmente desaconsejable para un seriépata, sobre todo por la noche. Coges tus DVD’s. Empiezas a ver el primer capítulo de la primera temporada. Te gusta. Es pronto, así que decides ver el segundo capítulo para probarte, a ver si realmente te engancha. Es obvio que sí porque ya estás poniendo el cuarto capítulo sin saber cómo pasaste por el tercero.

De repente te das cuenta de que es la 1 de la mañana y de que estás a punto de acabar la primera temporada. Está un momento tan interesante que eres incapaz de dejar de verla a pesar de que quedan cinco horas para levantarte y hacer tu vida normal.

Ahora me dedico a la mala vida viendo pasar los días de cinco amigos. Escucho las historias que les cuenta Ted a sus hijos. Los sienta en el sofá y les promete que les va a contar cómo conoció a su madre (me refiero a la madre de sus hijos). Pero siempre se va por las ramas. Y yo se lo cuento a mis amigos, como si fuera el cotilleo del siglo.

Cómo conocí a vuestra madre

“Les voy a contar la historia de cómo conocí a vuestra madre”. Este es el fascinante inicio de la conversación que tiene Ted con sus hijos. No se lo parece tanto a ellos porque es una excusa que utiliza su padre para contarles las mil y una batallas que pasó durante su vida de veinteañero. Por otra parte, sus amigos de juventud se lo merecen.

Un Barney estupendo, que guarda maravillosas sorpresas (algunas bastante desagradables) y que nos sorprende casi en cada capítulo. Una Lily y un Marshall que nos empalagan de manera encantadora con sus dotes de “pareja perfecta”. Una Robin que aparece de manera triunfal y que se va ganando su puesto poco a poco. Y Ted, que siempre acaba engañándonos y nos deja con la incertidumbre: ¿cuál de las mujeres que pasa por su vida será realmente la madre de sus hijos?

Así es como comienza mi adicción a la vida de cinco personajes que están repletos de sorpresas. Y así es cómo nos seguimos convirtiendo en personas sedientas de saber qué pasa después. Den por hecho que se lo contaré cuando sepa qué ocurre después.

 
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