No, tranquilos, no es una enfermedad real pero se le parece bastante.

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¿Quién no ha dejado de estudiar, de hacer un trabajo de clase, de ir al parque a correr o de hacer la compra por ver un capítulo de una de tus series favoritas? Los verdaderos seriépatas sabemos de qué va esto. Lo peor de todo es que es muy difícil de curar. Quizás ni siquiera queramos curarnos de ella.
Serie vs película
Una serie es una historia que necesita de varios capítulos y varias temporadas para conocer su desenlace. Las primeras historias seriadas que recuerdo son las telenovelas latinoamericanas. Aquellas Cristal o Topacio y alguna serie americana como Falcon Crest, Vacaciones en el mar o Sensación de vivir. Vidas enredadas en una telaraña de mentiras, sexo, embarazos, bodorrios y alguna que otra muerte.
Ahora las series quizás son un poco más parecidas a películas muy largas. Sin embargo, a diferencia de una película en la que la historia se acaba en aproximadamente 2 horas, en una serie la historia se saborea lentamente. El espectador tiene la posibilidad de formar parte de ella y de empatizar con los personajes. Precisamente porque son pequeñas historias que se asemejan al día a día de cualquiera de nosotros y que formarán la verdadera vida de esos personajes.
Historia de una seriépata
Las series que seguí durante mi adolescencia me marcaron positivamente. Bueno, al menos no lo hicieron negativamente. La cuestión es que las series han formado parte de mi vida y aún quedan resquicios de mi pasado adictivo. Cientos de series que no sólo vi, sino que volví a ver casi siempre que las reponían.
La primera serie de la que recuerdo engancharme fue Salvados por la campana. Un Zac que robaba todos los corazones de las chicas que estaban dentro y fuera de la pantalla y un Scrich que siempre me recuerda al Steve Urkel de Cosas de Casa. La segunda que seguí fielmente fue Padres Forzosos, serie que apareció en aquella época en la que Canal + aún no era codificado.
Las tardes tenían nombres como Juzgado de guardia, Cheers, Vigilantes de la playa, Médico de familia, El príncipe de BellAir, Yo y el mundo o Dawson crece. Un sinfín de series que se me escapan ahora mismo de las 400 palabras pero no del recuerdo.
Es así, enganchan, así están hechas las series. En estos momentos mi seriepatía la estoy curando con la historia de un amigo llamado Ted que me tiene engatusada con la historia de cómo conoció a la madre de sus hijos. Una nueva adicción en mi ajetreada vida.
Tags: adicción, mundo de series, seriepatía
14 May 2009
Lo reconozco, yo también soy seriépata…pero quien no? alguna vez todos nos hemos enganchado a alguna serie, como dice mi querida amiga Yaiza. Yo, concretamente, siempre me han gustado las telenovelas, si no la podía ver en su momento, le pedía a mi madre que me la grabara, y si alguna vez se olvidaba me enfadaba con ella…estoy enferma entonces, no? me acabo de dar cuenta, que horror!! jajaja. Saludos a todos los seriepáaticos
Yai, eres la mejor, te quiero mogollón, polvorón
15 May 2009
Qué va después de seriépata??serieadictísima?porque creo que ya hace mucho que dejé el primer adjetivo atrás y ya estoy cerca de dejar el segundo y van a tener que inventar una palabra nueva para mi clase de adicción…lo que quiero decir es que me gustan las series. Ahora mismo estoy superenganchada a la rerrerreposición de Dawson crece, fatal!!!Pero he de decir que no me gustan todas las series y es que soy bastante “exquisita” en este tema.
Bueno desde aquí mando un saludo a todos los seriépatas y por supuesto a la redactora de este post…
19 May 2009
Jajaja, bueno, después de seriépata no sé que va (quizás la muerte con un mando a distancia a tu lado y una manta en los pies. ¡Ah! y una abolladura en el sofá tipo Homer Simpson).
¡No dejen de leer seriéspata, segunda parte!
19 May 2009
[...] la serie a mano es totalmente desaconsejable para un seriépata, sobre todo por la noche. Coges tus DVD’s. Empiezas a ver el primer capítulo de la primera [...]